El día en que Freddie Mercury y Montserrat Caballé se conocieron

El día en que Freddie Mercury y Montserrat Caballé se conocieron

El 24 de marzo de 1987, Freddie Mercury voló hacia España y se reunió con Montserrat Caballé en el Hotel Ritz de Barcelona.

El encuentro entre Freddie Mercury, el legendario cantante de Queen, y Montserrat Caballé, la carismática soprano española, marcó un hito en la historia de la música.

Ocurrió en marzo de 1987, en Barcelona, una ciudad que ambos acabarían celebrando en su icónica colaboración. Este momento no fue solo el inicio de una amistad insospechada, sino también el nacimiento de un proyecto musical que fusionaría el rock y la ópera de manera magistral.

Freddie Mercury, conocido por su voz poderosa y su teatral estilo, había expresado durante años su admiración por la ópera y, en particular, por Montserrat Caballé. La soprano, con su técnica impecable y su presencia escénica, era un ícono en el mundo lírico.

La chispa del encuentro surgió cuando Mercury asistió a una actuación de Caballé en el Covent Garden de Londres, en 1986. Quedó tan impresionado que decidió que debía trabajar con ella. Su deseo se materializó gracias a la mediación de Mike Moran, amigo y colaborador de Mercury, quien facilitó una reunión.

El día clave tuvo lugar en el Hotel Ritz de Barcelona. Mercury llegó con su habitual energía, pero también con un respeto casi reverencial hacia Caballé.

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Encuentro

Según relatos, Freddie llevó consigo una cinta con una versión preliminar de “Exercises in Free Love”, una pieza que había compuesto pensando en su voz. Montserrat, intrigada por la propuesta de este rockero excéntrico, escuchó la grabación y quedó sorprendida por la sensibilidad musical de Mercury. Ese primer intercambio fue cálido y lleno de admiración mutua, sentando las bases para lo que vendría después.

De ese encuentro nació “Barcelona”, la canción que unió sus mundos. Freddie Mercury escribió la letra y la melodía inspirado en la ciudad catalana, mientras Caballé aportó su majestuosa voz operística. Grabada en 1987 y lanzada en 1988, la pieza se convirtió en un símbolo de su amistad y en el himno no oficial de los Juegos Olímpicos de 1992. Aunque Freddie no vivió para ver ese momento, su colaboración con Caballé sigue siendo un testimonio de cómo la música puede trascender géneros y culturas.

Aquel día en el Ritz no fue solo un encuentro casual, sino el comienzo de una alianza artística única. Freddie Mercury y Montserrat Caballé fueron dos genios de universos distintos que demostraron que la pasión por la música no conoce fronteras.